Deberíamos escuchar una advertencia en esta historia contra nuestro propio comportamiento traicionero, aun cuando no lleguemos al derramamiento de sangre. Muy a menudo, nuestra impaciencia o ambición codiciosa nos lleva a buscar los buenos dones de Dios de malas maneras. Estamos dispuestos a manipular, engañar o mentir para obtener lo que nuestro corazón desea.
Por lo tanto, la historia de Abimelec se da para nuestra instrucción. Arrepiéntete y espera en Jehová para que te conceda los buenos deseos de tu corazón a su debido tiempo.