Transmitir el pacto de Dios a nuestros hijos es quizá nuestra tarea más urgente en este mundo. Aunque sabemos que Jesús ha asumido las maldiciones de nuestro pacto para que podamos recibir las bendiciones de su pacto, no es menos cierto que cualquiera que desprecie el pacto de Dios despreciando al Hijo de Dios se enfrentará a un castigo más severo (Heb. 10:26-31).