La circuncisión del corazón siempre fue el eje. Sin ella, la ley sólo podía incitarnos a pecar más (Rom. 7:7-24). Pero, como Dios cumplió su promesa de circuncidar los corazones de su pueblo por medio de Cristo, hemos llegado a disfrutar de las bendiciones del pacto de Dios, ahora y siempre.