Estas historias anticipan el día en que el Hijo mayor de David vendría a este mundo para reclamar su trono en Jerusalén como sacerdote, no en la línea de Aarón, sino según el orden de Melquisedec. Y cuando Jesús viniera a reclamar tanto su reino como su sacerdocio, no lo haría conquistando a los jebuseos, sino ofreciéndose a sí mismo para ser conquistado como sacrificio único para quitar los pecados de su pueblo.
El destino de los jebuseos no es ninguna trivia. De hecho, todo el evangelio de Jesús depende de lo que les sucedió.