La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿Qué es lo que quieres? Como bien señaló C. S. Lewis: “Al final sólo hay dos clases de personas: los que dicen a Dios: ‘Hágase tu voluntad’, y aquellos a los que Dios dice, al final: ‘Hágase tu voluntad’. Todos los que están en el infierno, eligen éste“.1 ¿Quieres a Jesús y su justicia, o quieres el infierno de tu propio pecado?