El libro de los Jueces enseña, pues, que el pueblo de Dios es una oveja descarriada que necesita un pastor. Las historias de la debilidad de Israel sin un líder preparan la historia de la llegada del gran rey pastor de Israel, David, en 1 Samuel. En David, Dios pondría a un hombre conforme a su corazón en el trono de Israel, no sólo para guiar a su pueblo en la conquista contra sus enemigos, sino también para guiarlo en la búsqueda de Jehová. Al final, Jehová levantaría del linaje de David a nuestro gran pastor de ovejas, el Señor Jesucristo, para reinar como rey de Israel para siempre.