La lección que aprendemos de Sansón, entonces, es que Dios usa incluso a las peores y más desobedientes personas para sus propósitos en la construcción del reino de Cristo en esta tierra. Sin embargo, cuando desobedecemos a Dios, nos causamos sufrimiento innecesariamente. Además, debemos reconocer que no todos tienen la oportunidad de arrepentirse como lo hizo Sansón. Si te encuentras tratando de hacer lo que es correcto a tus propios ojos, arrepiéntete antes de que sea demasiado tarde.
Intenta hoy hacer lo que es correcto a los ojos de Dios, no a los tuyos. Arrepiéntete, cree en el evangelio, y busca obedecer a Jesús a través del poder del Espíritu Santo dondequiera que él te guíe-no sólo para la gloria de Cristo, sino también para tu bien.