Una de las mejores maneras de fijar nuestro corazón en Cristo es examinarlo. Del mismo modo que los israelitas examinaron toda la Tierra Prometida para reclamarla, examinemos nosotros toda la gloria de Cristo. Busca los montes de su justicia (Sal 36,6) y los lirios de sus valles (Cant 2,1). Bebe de sus ríos de agua viva (Jn 7, 37-38) y saborea la dulce miel de su palabra (Sal 19, 10). Estudia a Cristo. Conoce a Cristo. Deléitate en Cristo.
¿Hasta cuándo vas a aplazar la entrada para tomar posesión del mismo Jesucristo, que Jehová, el Dios de tus padres, te ha concedido?