La manera de cambiar tu corazón no es amontonar sobre ti más leyes, deberes y vergüenza, sino predicarte a ti mismo la historia mientras das, especialmente porque tenemos una historia aún mayor que la de Israel: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Cor. 8:9).