Ana es una mujer de gran fe que no permitió que su dolor la llevara a la amargura, sino que derramó su alma ante Jehová, confiando su fertilidad a quien abre y cierra los vientres. Esta historia no nos enseña que Jehová siempre nos dará lo que le pedimos en la oración, pero sí nos enseña que Jehová nos escucha cuando oramos.