Varias de las prohibiciones de Deuteronomio 23 casi dan la impresión de que Jehová es quisquilloso con todo lo relacionado con el cuerpo humano. Por ejemplo, leemos que cualquiera que tenga los testículos aplastados o el órgano masculino cortado no puede entrar en la asamblea para adorar en el tabernáculo de Jehová (Deut. 23:1). Luego, leemos que cualquier hombre con una emisión nocturna debe permanecer fuera del campamento hasta que llegue la noche y se bañe con agua (Deut. 23:10-11) y que los israelitas debían enterrar sus excrementos fuera del campamento (Deut. 23:12-14).