Todo el Antiguo Testamento apunta con anhelo a un salvador capaz de traer la salvación total y duradera al pueblo de Dios. Sólo Jesús cumplió su misión sin tropezar en ningún momento, y sólo Jesús pudo decir al final de su vida: “Consumado es” (Jn 19,30). Pero incluso ahora, los que vivimos a este lado de la venida de Jesús debemos esperar a que vuelva para entrar en nuestra herencia eterna.
Hasta entonces, Dios seguirá enterrando a sus obreros, pero continuando su obra.