Para nosotros, que vivimos hoy en el nuevo pacto, nuestro culto semanal en el Día del Señor debería ser una ceremonia de renovación del pacto, no muy distinta de la que Israel disfruta aquí al final de Josué 8. Cuando venimos cada semana, oímos la ley de Jehová que nos convence de nuestro pecado. Luego, recordamos la obra consumada de Jesucristo, que ha expiado todos nuestros pecados, y escuchamos la seguridad de que nuestro Padre celestial ha perdonado nuestros pecados por su Hijo Jesús. Después, escuchamos la predicación de la Palabra del Señor y comemos con Dios en la Cena del Señor.
Esta semana, escucha la palabra del Señor, busca su perdón por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo, y come y bebe en su presencia. El Santo de Israel no pondrá su mano sobre ti por amor de su Hijo, que murió por ti.