Lo que vemos aquí es un ejemplo clásico del principio de que Jehová a menudo da a la gente exactamente lo que quiere. Saúl había demostrado casi inmediatamente en su reinado que quería sus propios caminos más de lo que quería a Jehová, y entonces Jehová le da el deseo de su corazón. Puesto que fuimos creados para conocer, amar y servir a Jehová, es una maldición que Jehová nos retire el gozo de su presencia. Sin embargo, esto no significa que podamos huir por completo de la presencia de Jehová, sino que lo experimentaremos a través de la angustia emocional y espiritual, como le ocurrió a Saúl.