La historia de Josué 9 nos enseña que el pecado trae consecuencias, que veremos en la lectura de mañana de Josué 10, cuando los gabaonitas llaman a Israel para que los proteja de sus enemigos. Aunque Dios puede perdonarnos y nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad por medio de la sangre de Jesucristo, aún así podemos enfrentarnos a las consecuencias de nuestro pecado. Es una maldad y una completa necedad que continuemos en el pecado para que la gracia abunde (Rom. 6:1). Más bien, pidamos a Dios gracia no sólo para perdonar nuestros pecados, sino para guardarnos del pecado por completo.
Oremos la oración que el Señor nos enseñó a orar: “Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal” (Mt. 6:13).