En el nuevo pacto, sólo tenemos un sumo sacerdote, el Señor Jesucristo (Heb. 8:1-6), pero todos nosotros estamos llamados a ser un sacerdocio santo mientras nos ministramos unos a otros y adoramos al Señor (1 Ped. 2:5). Por tanto, Jesús ha ordenado a su Iglesia que continúe enseñando y predicando su Palabra, que oren unos por otros y que se remitan unos a otros una y otra vez a Su sacrificio supremo.
¿En qué medida estás cumpliendo tus deberes sacerdotales al ministrar a otros creyentes y en la adoración?