En Jonatán, vemos a un príncipe dispuesto a morir para mantener el pacto que Dios ha jurado a David y para proteger a David de la ira de su propio padre, y todo esto sucede a pesar de que Jonatán es el heredero legítimo del trono de Israel. En Jonatán, pues, vemos un nivel de humildad fuera de lo común, la misma clase de humildad modelada por el propio Jesucristo, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo… haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8).